El doctor señaló el recipiente que estaba a un lado. Regina vio el agua teñida de un rojo intenso; se le fue el color de la cara y miró a Gabriel.
Él estaba sentado al borde de la cama, cabizbajo. Tenía el torso desnudo, un vendaje nuevo le cubría la cintura y vestía pantalones de vestir. A su lado descansaba la camisa que se había quitado.
No era ropa de hospital. Sebastián Sáenz ya le había advertido sobre las posibles secuelas.
«Le había dicho que se quedara en el hospital a recuperarse. ¿Por