Regina vio que El Escarabajo le había mandado otro mensaje. Se le hizo muy raro; ese tipo no había parado de escribirle cosas sin pies ni cabeza en todo el día. Andrea contestó una llamada de su hermano y, al colgar, hizo una mueca de incredulidad.
—Hoy sí que el sol salió por el oeste.
Regina levantó la vista, sin entender.
—¡Es que no lo vas a creer! Mi hermano me marcó para preguntarme qué estaba haciendo.
—Pues se preocupa por ti, ¿no?
Le dio envidia; le habría encantado tener un hermano así