Regina llevaba mucho tiempo sin probar el melón. Ni siquiera había tocado el desayuno cuando tomó un pedazo. La dulzura la hizo entrecerrar los ojos en un gesto de pura satisfacción. Andrea le acomodó la mesita plegable sobre la cama. Regina se tomó un tazón de avena, comió una rebanada de pan y se acabó casi la mitad del recipiente de melón.
Su amiga la acompañó a desayunar, observándola discretamente todo el tiempo. Le preocupaba que el incidente le hubiera dejado algún trauma, pero al ver su