Apenas lo dijo, Regina se dio cuenta de que su tono no era el adecuado; sonaba como si lo estuviera presionando para que volviera.
—Yo creo que en una semana. Pasado mañana me toca ir a Milán, voy a estar ahí unos tres o cuatro días.
Para dentro de una semana, los boletos ya estarían más que agotados. Al otro lado de la línea, al notar su silencio, él pensó que se había molestado y se apresuró a añadir:
—Después del concierto, me puedo tomar unos días libres. A donde quieras ir, yo te acompaño.