Aunque había aceptado sin dudarlo, cuando salió del trabajo se quedó mirando el celular, reescribiendo el mensaje varias veces sin atreverse a enviarlo. ¿No se vería mal que se los pidiera así nada más? Lo pensó un momento y al final optó por algo más sutil.
[Gracias por lo de Twitter. ¿Tienes tiempo en la noche? Te invito a cenar].
En cuanto lo envió, fue a una cafetería para esperar su respuesta. Pero pasó más de una hora y él no había respondido.
«Seguro está ocupado», pensó.
No quiso molesta