Regina palideció y murmuró con los labios temblorosos:
—¿Por qué hizo eso? ¿No se suponía que quería que me muriera con ella? ¿Para qué te llamó a ti?
—Ninguna mamá en este mundo quiere matar a su propio hijo. Si tu mamá nos llamó, fue porque quería que la detuviéramos. Lo más seguro es que no quería lastimarte.
No quería lastimarla. Pero ya lo había hecho. En la mente de Regina, la imagen de aquella tarde resurgió con una claridad brutal. Estaba durmiendo la siesta en su cuarto cuando su madre