Solo cuando se sentó en el sofá, Andrea se atrevió a preguntar.
—¿Qué tienes?
Los labios de Regina se movieron, pero antes de que pudiera emitir sonido alguno, su amiga la interrumpió.
—Si no me dices, me voy a enojar en serio.
Regina sentía la cabeza pesada, llena con los ecos de todos aquellos insultos. Era una carga, una herramienta, su madre en realidad no la quería, nunca debió haber nacido.
—Ya se estrenó la película de Mónica.
Habló con la voz rota, y las lágrimas volvieron a brotar sin c