Había recorrido ese centro comercial tantas veces que ya se sabía de memoria las mismas tiendas de siempre. Después de caminar solo diez minutos, decidió que era hora de volver. En el camino, pasó por un supermercado para comprar algo de sopa instantánea y aperitivos.
Al llegar a casa, se preparó un par de huevos fritos. Con el estómago lleno, se fue a su cuarto a recuperar horas de sueño. Durmió hasta bien entrada la noche.
Cuando se despertó, ya eran las diez. Encendió la luz y, por costumbre,