Sabía que ella estaba borracha, pero él estaba sobrio. Se había acostado con la mujer de su mejor amigo. El peso de esa realidad lo abrumó.
—Lo siento.
Mónica se abrazó a las sábanas y susurró:
—No te culpo.
Andrés la miró. Quiso decir algo, pero no se le ocurría qué decir.
Con la voz quebrada por una amarga resignación, ella continuó:
—De todos modos, él ya no me quiere. Yo era la que no podía superarlo, pero ahora me ayudaste a decidir. Ya no hay vuelta atrás con él. Voy a dejarlo ir.
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