La voz al otro lado de la línea era suave y melodiosa.
—¿A dónde quieres ir? Yo me encargo de la reservación.
Regina no estaba de humor para cenar. Conteniendo su enojo, le dio el nombre del primer restaurante que se le vino a la mente.
—Paso por ti.
—No hace falta, yo pido un taxi.
Dicho esto, colgó. Pidió un taxi y, al llegar al restaurante, vio a Gabriel sentado en una de las mesas.
Cuando él levantó la vista y le dedicó una sonrisa, ella se tensó. Se acercó y tomó asiento frente a él.
Gabrie