La voz al otro lado de la línea era suave y melodiosa.
—¿A dónde quieres ir? Yo me encargo de la reservación.
Regina no estaba de humor para cenar. Conteniendo su enojo, le dio el nombre del primer restaurante que se le vino a la mente.
—Paso por ti.
—No hace falta, yo pido un taxi.
Dicho esto, colgó. Pidió un taxi y, al llegar al restaurante, vio a Gabriel sentado en una de las mesas.
Cuando él levantó la vista y le dedicó una sonrisa, ella se tensó. Se acercó y tomó asiento frente a él.
Gabriel le entregó el menú, pero ella lo hizo a un lado, levantó la cara y lo miró con seriedad.
—¿Qué es lo que quieres?
Como ella lo había buscado, él estaba de un humor excepcional. Sin embargo, al ver su hostilidad, se dio cuenta de que estaba enojada. Antes de que pudiera responder, ella continuó:
—A lo mejor, como yo di el primer paso esa vez, creíste que soy una mujer… fácil. Que solo me hablas bonito y ya con eso me voy a la cama contigo.
Al escuchar esas palabras, Gabriel arrugó la frente, mo