Él no dijo nada. La metió al carro a la fuerza y cerró la puerta del copiloto.
Luego rodeó el cofre y se subió al asiento del conductor. Regina intentó bajarse, pero una mano fuerte la jaló de nuevo hacia el asiento. Gabriel puso los seguros y las puertas quedaron bloqueadas.
—¡Gabriel!
Se volteó para fulminarlo con la mirada, era odio puro.
Mientras ponía el carro en reversa, habló.
—Ponte el cinturón. Te voy a llevar a tu casa.
La actitud le provocó una risa amarga.
—¿En qué momento te dije qu