Regina vio el nombre que aparecía en la pantalla de su celular y le comenzó a doler la cabeza. Sabía por qué la llamaba y no quería contestar, pero era la dueña del negocio y tenía que resolver el problema o su carrera estaría acabada.
Respiró hondo, se armó de valor y deslizó el dedo para aceptar la llamada. Forzó una sonrisa en su voz.
—Susana…
—Regina —la interrumpió la mujer al otro lado de la línea, con un tono furioso—. Me enteré de que nos vendiste diamantes de baja calidad como si fueran