Tal como había dicho Ana, la intuición femenina no se equivoca. Gabriel probablemente ni siquiera se había dado cuenta, pero antes nunca se escondía para contestar llamadas del trabajo, ya fueran de la empresa o de la clínica.
Y que se escondiera para hablar solo podía significar una cosa: la llamada era de Mónica.
Al pensar en eso, la sonrisa se le borró de la cara y se mordió el labio.
Dentro del estudio, Gabriel contestó el teléfono. Era Alan, quien le informó:
—Señor Solís, el equipo evaluó