—Si quieres una casa, yo te la compro.
Regina sabía que él tenía dinero. Parecía que podía darle todo lo que quisiera, excepto lo único que importaba: su afecto.
Los ojos se le enrojecieron sin que pudiera evitarlo.
Gabriel estaba a punto de estallar, pero al verle la mirada vidriosa de nuevo, contuvo su enojo.
—Hazme caso, cancela…
—¡No voy a cancelar nada! Tú no me quieres, no puedo depender de ti toda la vida. ¿Qué tal si un día me engañas con Mónica? Si decides que quieres estar con ella y m