Al no escuchar respuesta, la voz al otro lado insistió.—Estoy junto a los elevadores. Si ya te vas, te puedo llevar.
Solo al escuchar esa voz masculina, profunda y rica como las notas de un violonchelo, Regina Morales tuvo la certeza de que no era su imaginación. Era la mismísima voz de Gabriel. Él la había llamado.
—Estoy en el Hotel Palacio del Sol…
—Lo sé.
¡Lo sabía!
Entonces, cuando dijo “elevadores”, ¿se refería a…?
Una posibilidad increíble surgió en la mente de Regina. Le costaba creerlo;