—A ver... un momento de silencio, por favor.Ricardo tomó el micrófono.
En el salón, todas las conversaciones cesaron y las miradas convergieron en el estrado. Algunos conocidos cerca de Regina le lanzaron miradas cargadas de complicidad.
Regina adivinó las intenciones de Ricardo. Quiso dejar el pastel y marcharse, pero él ya la miraba, sus ojos desbordando afecto mientras decía al micrófono:
—¡Hoy, aquí, quiero declararle mi amor a la chica que quiero, y les pido a todos que sean testigos!
—¡Ese