—¿Qué crees que estás haciendo?
Aurelio se levantó de un salto del sofá, furioso.
—Vaya, veo que todavía te duele.
A pesar de estar en el suelo, su primo sonrió con malicia, en un tono provocador.
—Pero la verdad no me imaginé que estuvieras tan clavado con Mónica. Tantos años solo y al final, ¡te casas con su hermana!
Regina palideció.
Gabriel lo agarró de nuevo por el cuello de la camisa y le dio un puñetazo. Tras el primer golpe, siguió un segundo, y luego otro. Cada uno con una fuerza intimi