Regina no se imaginó que una simple mentira, dicha sin pensar, pudiera ser descubierta tan rápido.
Se quedó paralizada.
Al otro lado de la línea, la voz masculina continuó.
—Acércate.
Su tono era indescifrable, sin rastro alguno de emoción.
A Regina le había costado un mundo convencer a Mateo para que salieran, y ahora solo podía quedarse viendo cómo se alejaba hasta perderse de vista. Sabía que volver a conseguir una cita con él sería prácticamente imposible.
Suspiró resignada. La llamada se co