Pero Regina anhelaba que su casa se sintiera como un verdadero hogar.
—Si quieres, puedo pedirle a alguien que se encargue…
—No, para nada. ¡Yo lo hago!
Mientras vivió en casa de los Valderrama, doña Carmen se encargaba de su ropa, pero ella siempre había lavado sus prendas íntimas a mano. Ahora que estaba casada con Gabriel, deseaba que pudieran construir su propia vida, un pequeño mundo solo para ellos, sin la intervención de nadie más.
Él asintió.
***
Considerando que Gabriel podría salir tar