—Andrea, ¿dónde estás? —la interrogó su padre, en cuanto ella atendió la llamada—. Te estuve buscando. Pensé que estabas en tu habitación. ¿Dónde te has metido?
Andrea suspiró, se humedeció los labios y observó a su hermana, antes de responder. No estaba muy segura de cómo tomaría su padre aquella noticia, sin embargo, él debía saberlo.
«Debí haberlo llamado antes, o haberle avisado que saldría», pensó.
Sin embargo, la noticia la había tomado tan desprevenida y había causado tal impacto en ell