Al salir de la cafetería, Andrea se dirigió hacia el hospital a toda velocidad. No sabía muy bien a quién preguntarle dónde estaba su hermana, por lo que decidió no perder tiempo y se encaminó hacia la recepción.
—Buenas noches. Estoy buscando a una paciente que ha sido trasladada esta misma tarde. Su nombre es Camila Goodwin.
La recepcionista, una mujer de unos cincuenta años con el cabello rubio peinado hacia atrás en una coleta sumamente tirante, y unas gafas de montura fina, alzó la mirada