Leo pudo ver como el rostro de Camila se desfiguraba por la impresión y no pudo evitar sentirse horriblemente mal de haber sido el portador de aquella angustiante noticia. No obstante, ahora que ya lo había hecho, no había vuelta atrás y, quizás, así ella podría comprender mejor toda la situación.
«Tal vez, si se lo hubiera dicho Alex…»
Leo cortó sus pensamientos en seco. No tenía ni la más mínima idea de qué hubiera sucedido, por lo que, ¿qué sentido tenía siquiera pensarlo?
Los ojos de Camila