—¿Has visto a Camila? —preguntó Alex con el ceño fruncido, mirando a la recepcionista.
Llevaba más de media hora buscándola y no sabía dónde se había metido. ¿Qué le pasaba? ¿Cómo era posible que desapareciera en su segundo día de trabajo?
Por un lado, se sentía furioso, dado que necesitaba que terminara con las tareas de ese día, pero, por el otro, no podía evitar sentirse preocupado.
—No lo sé, señor, acabo de llegar. Quizás mi compañera… —comenzó a responder la recepcionista.
—Llámala —orden