Capítulo 95
Entré a la cocina y ahí estaba Santiago, Me miró con esa sonrisa que siempre me derrite y se acercó a darme un beso, yo era el centro de su universo.
—Hola, amor —me dijo, abrazándome de la cintura.
—Hola… —respondí, sonriendo mientras le correspondía el beso.
Clarisa estaba sentada en una esquina, con una taza en la mano. Nos miró y sonrió también, pero fue una sonrisa más educada que sincera.
—Buenas noches —dijo con voz suave.
—Buenos noches —contesté, mientras me servía un te pa