Los vimos desaparecer, como si hubiesen sido un producto de nuestra imaginación, una ilusión que jugó con nuestras mentes por un momento. Con esa indumentaria rojo oscuro y la máscara blanca y me di cuenta que cada uno de ellos tenían un arma en específico, estos dos tenían espadas, y el otro solo tenía una cadena con una bola de acero con púas.
—Nos están vigilando —anunció Mason.
—Sea a lo que estén jugando, pgonto me tendgan enojado, enfadado —gruñó Le François mientras nos acercábamos a la