Me condujo por un largo pasillo donde no había nadie, tanto que pensé incluso que esto podría ser solo una jugada para luego atraparme. Detrás de las paredes con algunos cuadros de desconocidos personajes con los bordes dorados tampoco había nadie, y mientras nuestros pasos resonaban me sentía cada vez más perturbado y ansioso.
—No es un calabozo, relájate —habló de nuevo Irianna justo cuando al doblar en una esquina, donde ya había una chica con un chico vistiendo uniformes negros con franjas