Hay lecciones que mi padre me enseñó antes de morir que tenía en mi mente como si me lo hubiera dicho la tarde anterior, muchas de ellas era el de luchar siempre por un compañero. Él decía, mientras leía un libro sentado en una cómoda butaca de terciopelo rojo, con la mano izquierda descansando en el reposabrazos y su singular anillo de oro con jadeíta en su dedo anular y parado derecho y firme frente a él aunque no me viera recitando algún pasaje de la Biblia o de algún libro y el culminaba co