Sena respiró hondo antes de entrar al refugio. Desde hacía días notaba que muchos de los que se habían quedado eran de la manada Sur. Aunque había estado lejos de ellos, todavía sentía que tenía una responsabilidad sobre su gente.
Al cruzar la puerta, el murmullo de conversaciones y el sonido de los pasos de los miembros adentro la envolvieron. Caminó con paso firme, buscándolos con la mirada. En una esquina, un grupo de lobos revisaba unas cajas con raciones. El que parecía dirigirlos era un