El silencio era denso en la habitación. Las cortinas seguían corridas, apenas permitiendo que la luz del mediodía se colara con timidez por los bordes.
Lyra seguía dormida.
Dos días completos habían pasado desde el ataque, y su respiración seguía tranquila, apenas un susurro sobre las sábanas. Ragnar estaba sentado en una silla por un momento y en otras ocasiones estuvo junto a ella, al principio fue paciente intentando que ella descansará, pero después de dieciocho horas de espera, comenzó a