Capítulo 8

La habitación ya no era una habitación.

Era una celda elegante.

Rhea lo entendió en el momento en que abrió los ojos. El techo blanco sin sudut, la luz tenue que no venía de ninguna lámpara visible, el silencio absoluto que no pertenecía a la noche. Todo estaba diseñado para observar sin terlihat. Para contener sin tocar.

Se incorporó lentamente. Su cuerpo seguía temblando, no por debilidad, sino por residuo. El eco de lo ocurrido en la sala de pruebas aún vibraba bajo su piel, como una huella
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