—Hola —jadeo, me desplomo contra uno de los sofás. ¡Estoy exhausta!
—Vale, esta vez no he sido yo quien te ha dejado cansada, así que ¿te importaría decirme quién te tiene jadeando como si no hubieses parado de follar en una semana? —Sonrío. Su voz me causa mucha alegría después del desastre de los últimos veinte minutos.
—Han traído la sala nueva que compré y Nina me ha ayudado a acomodarla —explico, pero me distrae un hombre de negocios rechoncho, medio calvo y de mediana edad que se a