—¿Qué plan tiene mi pequeña seductora?
Debería apartarle la mano, pero no lo hago.
—Va a renunciar al poder —susurro. Apoyo las manos en sus muslos y me incorporo hasta que nuestras narices se tocan—. ¿Qué tiene que decir mi dios al respecto?
Compone esa gloriosa sonrisa que tanto adoro.
—Tu dios dice que su seductora ha aprendido muy bien. —Sus enormes manos me agarran de la cintura y yo apoyo las mías sobre sus hombros—. Tu dios dice que su seductora no se arrepentirá de haberle cedido el pod