Miro el gimnasio y me pregunto qué habrá planeado. Luego lo miro a él. Me observa con los ojos llenos de promesas mientras se baja los pantalones. Su erección queda en libertad.
Jadeo. No sé por qué, ya la he visto unas cuantas veces, pero todavía me corta la respiración. Deslizo la mirada hacia arriba, y la dejo unos instantes en sus hermosos pectorales. Nunca me cansaré de admirar el cuerpo del hombre que tengo delante. Nunca. Es una obra de arte, esculpida y tallada con la más abso