—Bien. ¿Sueles correr a menudo? —Ya me sé la respuesta. Nadie se levanta en plena noche para correr veinticuatro kilómetros si no es una práctica habitual.
—Me distrae. —Se encoge de hombros y se reclina contra su asiento, pensativo.
—¿De qué?
No me quita ojo.
—De ti.
Me río. Está claro que últimamente no sale mucho a correr, porque se pasa casi todo el tiempo pasando por encima de mis planes.
—¿Por qué necesitas distraerte de mí?
—Addison, porque... —Suspira—. No puedo estar lejos de