Nos quedamos allí, en el callejón que ahora estaba vacío.
Pero yo sabía lo que había visto.
Estaba aquí dije de nuevo.
Alessandro no respondió de inmediato. Pasó junto a mí, revisando los rincones como si algo pudiera seguir escondido allí.
Buscaba, pero no había nada.
Ni pasos ni sonidos.
Solo el zumbido lejano de la ciudad.
Su mandíbula se tensó ligeramente antes de girarse hacia mí.
¿Qué te dijo?
Dudé. Decirlo en voz alta lo hacía real.
Dijo… que debería preguntarme por qué sigo viva.
Los oj