Alek Vólkov
Las manos me sudaban peor que cualquier otra cosa, mis nervios estaban a mil por hora y Dasha solo me miraba con cara de sorpresa. Aunque no la culpo, pues no todos los días uno va por ahí pidiéndole matrimonio a la mujer de su vida.
—Y-yo… —vaciló al responder y aunque no quise interrumpirla para que siguiera hablando, la sonrisa de mi rostro se borró de inmediato al ver como se levantaba de la silla con intención de querer irse.
Bajé las manos y me levanté yo también al ver co