Dasha Petrov
Miré con detenimiento el exquisito plato que tenía frente a mí y luego a Alek, quién ya se encontraba degustando el suyo.
Comencé a revolver el espagueti con el cubierto intentando relajarme y no ceder ante las ganas inmensas que sentía de devolver la comida.
Nos encontrábamos almorzando en aquel lujoso restaurante al que Alek me había traído, pues según él tenía una sorpresa muy importante que darme y el lugar debía ser perfecto.
—¿No te gusta la comida, ángel? —preguntó mir