Leah
Su boca era suave, vacilante; sus dedos trazaban en lugar de apretar, cuidadosos en vez de exigentes.
Me frustraba porque lo único en lo que podía pensar era en un par de manos diferentes que eran bruscas y posesivas. Un hombre que solía besarme como si quisiera succionarme hasta el maldito aire de los pulmones, devorarme, atraerme hacia él hasta que yo fuera parte de su ser.
Odiaba estar comparándolos. Odiaba que él hubiera tenido razón al decir que ningún hombre volvería a tocarme