Leah
—Él es el segundo hombre que traes a casa. ¿Y sabes que fue por tu culpa que tu padre empezó este ritual?
—Me voy arriba —dije, levantándome de inmediato.
—¿No confías en que pueda soportar todos los ataques de tu padre?
—Sí, lo hago —suspiré y me dejé caer de nuevo en el sofá.
—Ven aquí. —Abrió los brazos y me caí sobre su pecho mientras ella pasaba los dedos por mi cabello—. Tu papá no será demasiado duro con él.
—Eso espero.
—Ahora, ¿por qué no intentas convencer a tu mamá