Leah
—Necesitas un secador de pelo —dijo Aiden mientras me sacaba del baño cargada en brazos, con una toalla que apenas me cubría el trasero envuelta alrededor de mi pecho.
Mis ojos se posaron en una chica, arrodillada en el suelo y frotando el desastre que yo había provocado. Levantó la vista y su rostro no ocultaba su fastidio.
Me giré, encontrándome con la mirada de Aiden, que notó mi vergüenza.
Me mordí el interior de la mejilla y hundí la cara en su pecho, con las mejillas encendidas.