Aiden
Lograr que comiera fue una puta pesadilla.
Lloraba como una niña, con las lágrimas resbalándole por las mejillas mientras giraba la cara. Apretó los dientes cuando intenté pasarle la cuchara por los labios. Y cuando finalmente logré forzarla, me lo vomitó todo encima. Las medicinas no fueron más fáciles. Prácticamente se las metí por la garganta mientras ella me arañaba las muñecas como si la estuviera matando.
Las horas pasaban lentas y su piel ardía más con cada minuto que pasaba.
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