Leah
Me dolía todo el cuerpo al ponerme de lado.
Sentía la piel pegajosa, la camiseta se adhería a mi cuerpo húmedo, tenía la garganta reseca y la cabeza me martilleaba con un latido persistente.
La habitación estaba a oscuras, a excepción de un hilo de luz que se colaba por la rendija de las cortinas fuertemente cerradas.
Parpadeé y vi una figura sentada en una silla frente a la cama, observándome.
El corazón se me aceleró mientras me incorporaba. —¿Liam? —susurré.
No respondió.
Cuando s