*—Ezra:
No volvieron a hablar durante el resto del trayecto. Engel condujo directamente hasta su casa… o, mejor dicho, su mansión. A Ezra siempre le había parecido excesiva, casi intimidante: un edificio monstruoso de tres pisos, de estilo mediterráneo contemporáneo. Cada vez que la veía, sentía el mismo escalofrío, y cuando los guardias apostados tras la verja de hierro forjado lo observaron con atención, el temblor habitual recorrió su espalda.
El esposo de Engel era un hombre metido de llen