*—Ezra:
Una vez más, Ezra se besó con su jefe.
No fue un beso tímido. Ni vacilante. Fue hambre pura.
Ezra presionó su boca contra la de Dante con una pasión que llevaba días, semanas, meses, años conteniéndose. Sus labios se abrieron de inmediato, buscando el calor del alfa, jalándolo hacia él como si quisiera fundirse en su piel. Jadeó contra su boca, desesperado por más, por todo, por ese sabor que lo había atormentado desde el primer beso robado.
Dante soltó un gruñido ronco, tan bajo