*—Dante:
Sus brazos se apretaron alrededor del cuerpo de Ezra con fuerza temblorosa. Lo sintió más delgado, frágil entre sus manos, como si hubiera perdido parte de sí mismo durante aquellos días lejos de casa, y aquello le desgarró el alma. Sin embargo, estaba tibio, vivo, cálido contra su pecho. Dante lo sostuvo como si temiera que el mínimo descuido fuera a arrebatárselo otra vez, hundiendo más el rostro en su cuello y respirándolo una y otra vez, necesitando asegurarse de que no era una ilu