*—Dante:
Dante lloró por un largo rato, pero el cansancio y el dolor terminaron pesándole tanto que poco a poco comenzó a quedarse dormido, todavía aferrado a la camisa de Ezra como si fuera lo único capaz de mantenerlo unido al mundo. Tenía la tela pegada a la nariz, buscando las últimas trazas de aquel aroma dulce que ya casi había desaparecido, cuando de pronto lo sintió otra vez.
Sus ojos se abrieron y su corazón dio un vuelco. Apretó la camisa con fuerza contra su rostro, inhalando desespe