*—Dante:
Los días, las semanas y los meses habían pasado con una rapidez casi absurda. Dante todavía tenía problemas para creer que ya estuvieran a mediados de junio. Sentía que apenas ayer estaba sentado en su vieja habitación, consumido por el miedo, rezando para no perder a Ezra ni a los bebés y que apareciera sano y salvo.
Su mirada recorrió la recepción familiar donde se celebraba la boda de Dominick y Callum. No era una fiesta ostentosa ni excesiva, sino una celebración íntima rodeada de