*—Dante:
Se puso de pie finalmente y tomó asiento junto a Ezra. Antes de que su compañero pudiera protestar, tiró suavemente de él hasta acomodarlo contra su pecho. Ezra soltó una pequeña exclamación de sorpresa, pero Dante hizo caso omiso a esta.
El aroma dulce de su omega lo envolvió inmediatamente, esa fragancia que siempre lograba tranquilizarlo y aquella que asociaba con seguridad.
Dante cerró los ojos durante un instante y simplemente respiró. Disfrutando, memorizando y agradeciendo perf