*—Dante:
Sin embargo, la burbuja terminó rompiéndose.
El alivio, la felicidad y el dolor de recuperarlo lo habían cegado por unos segundos, pero la realidad golpeó a Dante con brutalidad cuando volvió a sentir el cuerpo de Ezra contra el suyo. Estaba demasiado caliente. No era el calor natural de su omega ni el reconfortante abrigo del vínculo recuperado. No… aquello era fiebre.
Su corazón se hundió.
Ezra temblaba. Los escalofríos sacudían su cuerpo de forma involuntaria y sus feromonas escapab