*—Ezra:
Ya ni sabía qué día era.
Ezra alzó la mirada y vio otra vez la luz colándose por las ventanas rotas del almacén.
Bueno, sí sabía más o menos qué día era. Era la tercera mañana que presenciaba desde que estaba allí. Tres días. Tres malditos días desde que había sido separado de Dante y, poco a poco, sentía que estaba perdiendo la cordura.
Apretó los ojos, que le dolían por la falta de sueño y la claridad repentina, y soltó un suspiro cansado que se perdió en el silencio del lugar.
Ya n