304

*—Ezra:

Ya ni sabía qué día era.

Ezra alzó la mirada y vio otra vez la luz colándose por las ventanas rotas del almacén.

Bueno, sí sabía más o menos qué día era. Era la tercera mañana que presenciaba desde que estaba allí. Tres días. Tres malditos días desde que había sido separado de Dante y, poco a poco, sentía que estaba perdiendo la cordura.

Apretó los ojos, que le dolían por la falta de sueño y la claridad repentina, y soltó un suspiro cansado que se perdió en el silencio del lugar.

Ya n
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